Me llamo Gabriel Foster. A mis setenta años, he aprendido una de las verdades más importantes de la vida: la familia no siempre es cuestión de lazos de sangre, sino de lealtad. El domingo pasado, durante la cena de Pascua, mi hijo Jason y su esposa, Alicia, me exigieron que les cediera la casa.
Cuando me negué, Alicia, furiosa, me arrojó una copa de vino a la cara. El golpe fue seco, la copa se hizo añicos y me abrió una profunda herida en la mejilla. La sangre empezó a correr por mi camisa y Jason, enfurecido, gritó:
«¡Eres un egoísta!».
Pero yo simplemente sonreí mientras la sangre me corría por la piel y me dirigí a urgencias. Antes de irme, le envié un mensaje a mi abogado. Sabía que el plan ya estaba en marcha; esto era solo el comienzo de algo que jamás imaginaron.
Lo que no sabían era que todo estaba siendo grabado. Había pasado seis meses preparándome para el momento en que cometieran un error… y finalmente, lo hicieron. La trampa estaba tendida.
Fase uno: Preparación
La llamada llegó el miércoles pasado mientras estaba en mi oficina, revisando los informes trimestrales del fondo que administro. Miré la pantalla: Jason. Puse el altavoz y seguí trabajando.
«Papá», dijo, con la tensión evidente en su voz. «Hola… ¿cómo estás?»
Hice una pausa.
«Jason, qué sorpresa. ¿Qué pasa?»
«Estoy bien, papá. Mira… sé que es a última hora, pero el domingo es Pascua, y estábamos pensando… tal vez podríamos cenar en tu casa.»
Mi mente se aceleró. Esto era lo último que esperaba. Alicia había detestado esa casa innumerables veces. La había llamado un mausoleo deprimente y solo la había visitado dos veces en el último año. ¿Y ahora querías pasar la Pascua allí?
«Vamos, papá», insistió Jason. Es Pascua. Solo queremos pasarla contigo. Además, los padres de Alicia, Mike y Diana, están en la ciudad. Les encantaría verte.
Mike y Diana Russo… los conocía bien. Gente que vivía a costa de otros, con pasados turbios y bancarrotas sospechosas. Jason estaba endeudado, eso era obvio. Y sospechaba que Alicia también tenía problemas económicos. Me necesitaban… y necesitaban esta casa.
Aun así, mantuve la calma.
«Suena bien, hijo… pero ¿cuál es el motivo de este repentino interés en mi ‘viejo mausoleo’?»
Jason rió nerviosamente.
«Vamos, papá… Es solo Pascua. Nosotros llevaremos el vino.»
